Hélène Bonnaud – El cerebro, ¿conoce la pulsión?

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El cerebro es el nuevo medio del discurso de moda. La inundación por una lectura neurocientífica de los síntomas pretende que se crea en invenciones novedosas en relación con la vida psíquica. Pero no es así. Se trata simplemente de un discurso emergente que haciéndose cargo de un saber neurobiológico, responde a ciertas cuestiones sobre el origen de los síntomas y la causa de éstos. ¿Qué fue de la pulsión que para Freud es el nervio del inconsciente? El cerebro, ¿conoce la pulsión?

En realidad, el cerebro ha sustituido al inconsciente, incluyendo a la pulsión. Por medio de un deslizamiento semántico que opera y otorga al cerebro los mismos poderes que aquellos descritos por Freud. Por ejemplo, ignorábamos que el cerebro pudiese ser responsable de nuestros actos. Sin embargo, cierta prensa nos explica que el cerebro es responsable de nuestras emociones y determina nuestros síntomas.

No busque más porque su bulimia le obliga a comer más allá de su sensación de saciedad. Su cerebro es responsable de todo, puesto que secreta la hormona del estrés que va a provocar su adicción a comer. Si usted come demasiado, es porque su cerebro se lo ordena!

El impacto mediático es tal, que incluso en el diván ciertos pacientes responsabilizan a su cerebro de las malas pulsiones! Hablan de él como el nuevo significante de su sufrimiento. El cerebro ha ocupado el lugar del inconsciente que explicaría científicamente lo real de nuestros síntomas. Pero se trataría de un inconsciente sin sujeto, de un inconsciente neuro de alguna manera, pero cuya responsabilidad quedaría diluída en un discurso capturado por el funcionamiento sináptico del cerebro. Ahora bien, para el psicoanálisis, somos responsables de nuestros síntomas, de nuestros actos y hasta de nuestros sueños. Esta responsabilidad se inscribe en los conceptos deseo y goce, ahí donde las tesis acerca del funcionamiento cerebral nos explican la importancia de la acción de los neurotransmisores en los comportamientos. Cuando tenemos miedo, por ejemplo, secretamos una hormona, el cortisol, que va a provocar, si el miedo perdura, un estrés crónico que se acompañará de “procesos inflamatorios engendrando alergias u obesidad, diabetes o enfermedades coronarias”(1), hasta comportamientos de fatiga que evocan una depresión.

El Cortisol he aquí el único culpable de nuestro trastorno ya que es él el responsable del estrés… Es cierto, toda esta química existe, – ella permite entender como funciona la cosa-, pero da cuenta de un funcionamiento que sería verdadero para todos. Ahora bien, un síntoma psíquico no es verdadero para todos. Lo que importa es lo que de él dice el sujeto mismo a partir del momento en que sufre y manifiesta su sufrimiento en un síntoma que subjetiva al hablarle de él a un analista.

No hay ninguna duda que la pulsión gobierna, que comanda al sujeto, no en función de una cantidad de cortisol, sino de nuestra elección de goce. Y eso concierne a esta falla, a la que el psicoanálisis responde.

  1. « Que fait le stress à notre corps ? » Cerveau et psycho n°104, p. 56.

Traducción : Valeria Sommer

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