Solenne Albert – ¡Estimular sus neuronas!

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El texto de Jacques-Alain Miller, “Neuro-, le nouveau réel”, nos aporta una brújula sólida para comprender los desafíos cruciales del congreso PIPOL 9. En ese texto [1], indica que el  “cognitivismo es la ideología o la creencia de que el hombre es una máquina que procesa información (…). El resultado es la identificación del hombre a la máquina, a la máquina informática.” [2] Este desarrollo extraordinario del hombre entendido como una máquina informática se cruzó con otro, como señala Miller : el del hombre concebido a partir de datos obtenidos de la observación de su cerebro. “Este materialismo mecánico que es el cognitivismo encontró su objeto mayor: el cerebro. Se concluye que la cuestión pasa por ahí, ese es el lugar, un lugar encrucijada. (…) Gracias a los avances de los últimos quince años, a las imágenes médicas por resonancia magnética que nos permiten imaginar la actividad neuronal, hoy estamos dotados de un muy poderoso imaginario de lo simbólico.” El cerebro es un nuevo significante amo, que permite creer que será posible comprender todo, explicar todo, gracias al cerebro. El amor, los procesos de aprendizajes, los gustos que se tienen… ¡nada escapa a estas explicaciones pseudocientíficas! No hay una revista ni un diario que no informe regularmente sobre estos así llamados avances, que son a menudo más cómicos que científicos.

Un ejemplo entre mil: el artículo de Le Monde “Cómo el cerebro aprende observando”. Nos explica que los trabajos recientes mostraron en los ratones “que un circuito cerebral específico asegura un aprendizaje fundado en la observación de un congénere.” [3] Esto no es una novedad… ¡es la montaña que parió un ratón! [4] Hay también otro estudio que tuvo eco en el artículo de LeMonde “El cerebro se nutre del cambio” [5]. Dado que se observa que la producción de neuronas cesa cuando uno deja de aprender, entonces, está científicamente probado… que el ser humano desarrolla sus competencias cerebrales aprendiendo… ¡es casi una perogrullada! ¿Cuál es la consecuencia de esta evidencia metamorfoseada en un ideal superego? ¡Hay que “estimular” sus neuronas! La sobreestimulación es una consecuencia de esta utopía que se apropia de los ideales de la ciencia. ¿Y por qué no enseñarles a nuestros niños, desde la escuela primaria, una multitud de lenguas? Dado que cuanto más se estimula el cerebro para que aprenda, más aumentan sus “aptitudes cognitivas”, ¡su inteligencia!

“Inteligencia” es una palabra emblemática, utilizada en política. El ministro de educación nacional lo dice sin ambages: desea apoyarse en las neurociencias para aumentar el potencial de los alumnos y “revolucionar la escuela”. Es lo que preconiza el psicólogo Stanislas Dehaene, en el que se apoya el ministro. Hay que “recompensar la curiosidad” para que el niño “pueda utilizar todos los recursos de su cerebro” [6]. De ahí a decir que la escuela “mata la curiosidad de los niños”… sólo hay un paso… fácil de dar. Según él, existen “tres maneras en las que la escuela puede matar la curiosidad”. Una de ellas es “no dar, a ese superordenador que es el pequeño niño, un entorno suficientemente estimulante.” [7]

Hacer que el ser humano sea equivalente a su cerebro, reducirlo a unos estímulo-respuesta susceptibles de ser identificados por imágenes, da cuenta de un sueño en el que existiría “una ciencia matemática del pensamiento y esto a partir del estudio de un órgano del ser vivo, el cerebro.” [8] El sueño de que el ser humano sea una máquina cada vez más eficiente… Como indica Jacques-Alain Miller, las ciencias cognitivas consideran que el correspondiente real de la psique es el cerebro. “Por  lo cual, lo esencial de la operación cognitivista es la inferencia; a partir de hechos producto de la observación, se infieren procesos mentales (…). Dicho de otro modo, la psicología pasó de la observación de los comportamientos a la observación de las neuronas.” Este “deseo de dominio” [9] es un deseo que rechaza el inconsciente que es, por excelencia, lo que escapa, lo que falla, lo que se manifiesta allí donde no se lo esperaba y que suscita la sorpresa… Un significante mayor está excluido de este sueño cognitivista: el del deseo, especialmente bajo la forma del capricho, de lo imprevisible, de lo que no se explica ni se programa, ni  puede preverse o inferirse…

Traducción: Christian Roy Birch

[1] N. de T.: hicimos las traducciones de los textos que aún no tienen versión en nuestra lengua.
[2] Jacques-Alain Miller, “Neuro-, le nouveau réel”, in La Cause du désir no 98, p. 116.
[3] Diario Le Monde, 08 de mayo de 2018, “Comment le cerveau apprend en observant”.
[4] Antigua expresión en la que se inspira la fábula de La Fontaine “La Montaigne qui accouche”. Refiere una desproporción entre lo que se anuncia y lo que finalmente resulta.
[5] Diario Le Monde, 22 de abril de 2018.
[6] Stanislas Dehaene, psicólogo, neurocientífico, en la emisión de radio de France culture del 30 de octubre.
[7] Ibídem.
[8] Jacques-Alain Miller, “Neuro-, le nouveau réel”, in La Cause du désir no 98, p. 118.
[9] Ibídem, p. 120.

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