Carmen Cuñat – Humildes

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“Lo real, diría yo, es el misterio del cuerpo hablante, es el misterio del inconsciente” (1).

Definitivamente las neurociencias, los neurocientíficos y sus seguidores son pretenciosos. No hay mas que ver una de las últimas series de moda, The Good Doctor, (2) para hacerse una idea  de su pretensión que no es otra que la de desvelar de una vez por todas el misterio del cuerpo hablante, el misterio del inconsciente. Lo curioso es que el saber (en lo real) que suponen, lo colocan esta vez en un ser con un cerebro excepcional. El joven cirujano protagonista está diagnosticado de autismo y de «síndrome del sabio». Sus capacidades, como no podría ser de otra manera, le permiten vislumbrar en lo inmediato el disfuncionamiento de los órganos, localizarlo en la imaginería cerebral y cifrarlo con formulas matemáticas para encontrar rápidamente la solución al problema. El equipo de cirujanos interviene entonces con ayuda de los últimos medios tecnológicos, el 3D incluido. El único obstáculo que encuentran es que no exista suficiente casuística para tener la certeza de que no habrá error, ya que todo el aparato legal se les puede caer encima. También pueden ocurrir otras cosas: deciden intervenir el cerebro de una paciente anoréxica que se niega a comer. El riesgo es que caiga en la desafección, que ya no sea capaz de mostrar afecto por su hijo. Deciden de todas formas llevar a cabo la intervención y los efectos no se hacen esperar. Habría que preguntarle a los guionistas si se trata en ese capítulo de denunciar una mala práctica. No es nada seguro. Lo que es seguro es que para hacer plausible esta fantasía han sido asesorados por expertos de todo tipo: la ciencia médica avanzada, las empresas tecnológicas, las empresas farmacéuticas, etc. Lo que resulta más simpático de la serie, es que el joven protagonista parece estar dispuesto a enamorarse y, a pesar de todo su saber, no consigue por el momento arreglárselas con una joven, sus síntomas autistas le cortan el paso, aunque todo llegará. Será interesante  ver cómo se las arreglan los guionistas para hacer posible la relación entre los sexos, pues de eso se trata también, de hacer que lo real, en este caso lo real de la sexualidad, no haga obstáculo al sueño cientificista. Ni que decir tiene, que ahí donde el saber médico se tambalea, la ideología cognitivista viene a salvarlo con su dosis de inteligencia emocional. Palabra mágica que con sólo nombrarla, las dudas, los tropiezos, los fallos, la angustia, el rigor ético, se disuelven.

Lacan nos enseñó a ser humildes. Sin descartar lo real, sin pretender tampoco apropiarse de él, nos orientó hacia un real propio del psicoanálisis, un real sin pretensiones del que da cuenta la opacidad del goce del síntoma, como acontecimiento del cuerpo, y el inconsciente como agujero.  Lacan nos alentó a operar con esto, y todo ello a partir de la contingencia del encuentro uno por uno, descartando poder asegurarse con una casuística. Pipol nos invita de nuevo a trasmitir esos encuentros para hacer valer nuestra practica.

  1. Lacan, J., Seminario XX, Aún, Paidós, Buenos Aires 1975, p.158
  2. The Good Doctor es una serie de televisión estadounidense de drama médico, desarrollada por David Shore y Daniel Dae Kim, producido por Sony Pictures Television y ABC Studios

 

 

 

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