Manuel Montalbán Peregrín – El inconsciente éxtimo, la ética del deseo opuesta a la civilización de la cifra

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En su texto de preparación para el encuentro Pipol 9, titulado In-consciente y ex-cerebro, Miquel Bassols (1) trae a colación la idea del exocerebro que desarrolló el antropólogo mexicano Roger Bartra (2). Lo hace para ilustrar cómo la tecnociencia tiene sus limitaciones para separar lo interior y exterior del cerebro, sobre todo en relación a una serie de procesos que desequilibran el mero empeño localizacionista: la  conciencia de ser consciente, las funciones mentales superiores, lenguaje, idea de mundo, deseo… Bartra recurre a la revisión de Stevan Harnad de 2001 que, bajo el título “No easy way out”, se detiene en 5 de las principales aportaciones a las ciencias cognitivas de finales del siglo XX (Damasio, Edelman/Tononi, McGinn, Tomasello y Fodor), concluyendo que la investigación sobre el cerebro avanzó en la aclaración de aspectos relevantes del funcionamiento neuronal, pero dejando grandes lagunas explicativas respecto a la conciencia.

Bartra considera que la concepción de base de algunos de estos autores, como Damisio, que insiste en la dicotomía entre medio interior, precursor del yo individual, y contorno exterior, representa una grave limitación para el propio desarrollo de la neurociencia. Frente a ello, el antropólogo mexicano recupera la metáfora de un exocerebro, idea esbozada con otras implicaciones ya por Ramón y Cajal (redes neuronales como cerebros simples extracraneales) o Mc Ginn (cerebro distribuido como red cutánea), pero en su caso para aludir a los circuitos extrasomáticos de carácter simbólico. El cerebro de los humanos tendría fuera de la cavidad craneal un exocerebro artificial, que le proporciona una sólida estructura simbólica en que apoyarse, rectificarse, progresar.

Como vemos, Bartra apuesta por el diálogo de la neurobiología con las ciencias conjeturales, y reclama nuevas investigaciones que deberán ubicar más precisamente la relación de las funciones culturales, que prolongan externamente los procesos interiores. Aquí el lugar del inconsciente es el del inconsciente colectivo, repositorio de mitos reprimidos, arquetípico, que viene a engrosar la complejidad de los procesos culturales, y se encuentra no dentro de nosotros, sino en el afuera de lo exo. De este modo, se pueden prever las dificultades metodológicas inherentes, pues la referencia cultural del exocerebro, como la etnografía demuestra en su historia, suele exceder la aproximación cuantitativa de las llamadas ciencias naturales, el objetivo de la cifra que el cientificismo quiere convertir en única moneda de cambio para la investigación contemporánea. Aunque acallado por la ideología de la evidencia científica, el debate sobre la cuantificación sigue vivo, después de décadas, en muchas disciplinas de las ciencias sociales que optan por aproximaciones cualitativas, muchas de claro carácter crítico. Un ejemplo reconocido es el análisis crítico del discurso que considera el lenguaje como una forma de práctica social e investiga cómo la dominación se reproduce y se resiste con el uso de los discursos en contextos sociales.

Así, a finales de la década de los 90 del siglo XX, Michael Billig (3) desarrolla su posición crítica al cognitivismo desde la psicología discursiva y propone sus intentos para reformular la teoría psicoanalítica desde los principios discursivos. Las críticas al paradigma cognitivo son variadas, pero quizá las más evidentes apuntan a la paradoja de que mientras los científicos cognitivos hacen hincapié en el uso de procedimientos empíricos y de la experimentación, su objeto de estudio responde a entidades intrínsecamente inobservables, cuya existencia solo puede ser inferida a través de acciones externas o expresiones lingüísticas.

Billig plantea también una lectura del inconsciente alejada de la determinación cerebral, conectada más bien a procesos dialógicos, que difuminan aún más la frontera de lo interno y lo externo. Billig entiende que los fenómenos psicológicos responden, más que a procesos internos, a actividades discursivas, intersubjetivas, sujetas a las pautas de la interacción conversacional. La conversación no es solo un modo de expresión sino también una forma represiva, que será el fundamento del inconsciente dialógico. El inconsciente dialógico comprende palabras que pudiendo haber sido dichas se han mantenido como indecibles, reprimidas de un escenario conversacional particular. Será necesario, por tanto, estudiar no sólo las presencias sino también, y de manera especial, las ausencias lingüísticas en la interacción conversacional. Desde esta perspectiva el inconsciente sería fruto de una dialéctica de moralidad/inmoralidad social, puesto en acto en cada interacción cotidiana.

En general, la herencia lacaniana queda reprimida, a su vez, en este tipo de aproximaciones que intentan ir más allá de la determinación neurocientífica, al tiempo que enmendar, implícita o explícitamente, a Freud. Y es que el proyecto lacaniano de retorno a Freud, sobre todo cuando eso suponía deconstruir el psicoanálisis posfreudiano y retomar puntos de fuga silenciados, es una tarea ardua y de largo recorrido, que condiciona además un verdadero movimiento de “Lacan contra Lacan”, como en algún momento lo denomina J.-A. Miller (4). De esta manera, Lacan inventa el vocablo extimidad, para designar lo más próximo, lo más íntimo, sin dejar de ser exterior. Miller (5) retoma este neologismo de producción lacaniana que aparece en su obra en contadas ocasiones pero que sitúa a la perfección esa excentricidad radical de uno consigo mismo. La primera oportunidad en que Lacan menciona la condición de extimidad es para referirse en el Seminario de la Ética (6) a la exterioridad íntima que representa la Cosa, das Ding, cuya presencia rechaza el discurso de la ciencia. Para Lacan el discurso de la ciencia está determinado por esta Verwerfung de la Cosa, y nos recuerda que lo rechazado de lo simbólico reaparece en lo Real. Con la invención del inconsciente freudiano algo de lo rechazado se reintroduce en las fronteras de la ciencia. Este tipo de estructura de extimidad es la que corresponde al inconsciente, pues qué instancia refleja mejor la heteronomía radical. Como nos recuerda Antonio Di Ciaccia (7), este movimiento parte del Wo Es war, soll Ich werden, con cierta expectativa cienticista, por parte de Freud, pero acaba arribando al mito, que no es sinónimo de falacia, ni mucho menos. Luego, Lacan recurre a la lingüística estructural para sistematizar las operaciones de condensación y desplazamiento. No se detiene ahí la Cosa. Algo permanece opaco, como misterio del cuerpo hablante: por qué en el ser hablante la relación con el goce es mucho más elaborada que en cualquier otra especia animal.  Esto lleva a Lacan a decir: “Parecería que nadie se dio cuenta de que la cuestión se encuentra en el nivel de la dimensión cabal del goce, esto es, la relación del ser hablante con su cuerpo, puesto que no hay otra definición posible del goce” (8).

Pasamos así del inconsciente transferencial, del desciframiento y la ficción fantasmática, al inconsciente real, traumatismo troumático y límite de la estructura simbólica, que le permite al final de su enseñanza vaticinar la sustitución del propio término inconsciente por el de parlêtre, que incluye lo real del cuerpo, su goce, resultante del encuentro del puro organismo con lalengua. Hay un real que en el vínculo social remite a la inexistencia de proporción, de relación sexual, y respecto al inconsciente apunta al cuerpo que habla.

Acierta Yves Vanderveken en el argumento de Pipol 9 cuando afirma que Una ética del deseo se opone a esta civilización de la cifra. Hasta Charles R. Varela (9), en su crítica al inconsciente como concepto explicativo fallido, siguiendo a Harré, reconoce, sin embargo, que la dimensión de los estados mentales de los sujetos es ante todo una cuestión ética, y no tanto científica. La propia referencia inicial a la extimidad aparece en el Seminario de la Ética donde Lacan toma como patrón la relación de la acción con el deseo que la habita, una dimensión que iguala a la experiencia trágica de la vida. No es para menos, pues Lacan, a través de la ética del deseo, sale al encuentro de la Cosa, como anticipación al desplazamiento hacia el goce de la última enseñanza. El camino seguido por Lacan evidencia claramente el estatuto ético de este inconsciente éxtimo frente a su pretendida naturaleza tradicionalmente considerada ontológica, y así da cuenta de un real que le es propio: “Hombres y mujeres, eso es un real. Pero no somos capaces de articular en lalengua ni lo más mínimo que tenga la menor relación con este real” (10). El psicoanálisis lo intenta y su verdad en juego es lo que, por medio del lenguaje, de la función de la palabra, puede tocar lo real. Algo más cercano a la inducción que al conocimiento compacto, teniendo presente que no podemos hablar de eso sino como significantes.

  1. Bassols, M. (2018) In-consciente y ex-cerebro, Textos de orientación de Pipol 9,  disponible en https://www.pipol9.eu/2018/12/05/in-consciente-ex-cerebro/?lang=es
  2. Bartra, R. (2006) Antropología del cerebro. La conciencia y los sistemas simbólicos, Pre-Textos, Valencia.
  3. Billig, M. (1999) Freudian Repression: conversation creating the unconscious, Cambridge University Press, Cambridge.
  4. Es interesante señalar que la expresión “Lacan contra Lacan” aparece ya en 1987 en una entrevista a J.-A. Miller realizada por Fco. Estévez González para la Revista A.E.N. Vol. VI/, 23, 623-632.
  5. Miller, J.-A. (2010) Extimidad, Paidós, Buenos Aires.
  6. Lacan, J. (1988) El Seminario, Libro 7, La ética del psicoanálisis, (1959-1960). Paidós, Buenos Aires.
  7. Di Ciaccia, A. (2017) Lacan, traductor, El diario Extimo de Jacques-Alain Miller, Décimo primera entrega, disponible en http://www.eol.org.ar/template.asp?Sec=publicaciones&SubSec=on_line&File=on_line/jam/Otros-textos/17-04-14_El-diario-Extimo-de-Jacques-Alain-Miller.html
  8. Lacan, J (2012) Hablo a las paredes. Buenos Aires, Paidós, pp. 70.
  9. Varela, C.R. (1995) Ethogenic theory and psychoanalysis: The unconscious as social construction and a failed explanatory concept, Journal for the Theory of Social Behaviour, 25, 363-386.
  10. Lacan, J. (2012), Op. Cit., pp. 68.
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