José Ramón Ubieto – Neuroidentidades (TDAH)

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“Ser un TDAH” admite hoy muchas lecturas. Para algunos sustituye el viejo calificativo de “movido o inquieto”. Para otros es la evidencia misma de una enfermedad, de un trastorno del neurodesarrollo que, si bien es indemostrable por la ausencia de marcadores claros –lo que no ha impedido la proliferación de estudios falseados-, su causa última no admite dudas. Para otros es un significante amo a partir del cual declinar, en su lengua, un nombre sintomático.

Inicialmente nombraba algo del real que agitaba esos cuerpos hiperactivos e impulsivos, y se acompañaba de la prescripción de psicoestimulantes que, curiosamente, se focalizaban sobre todo en las dificultades de atención.

La denuncia continuada, por parte de profesionales y opinadores, de la hipermedicación y el sobrediagnóstico, forzaron un cambio de paradigma en la presentación del trastorno (1). La identidad TDAH aparecía cada vez más con una connotación negativa, un estigma que, sin embargo, conservaba algo de la subjetividad en juego (hiperactivos, impulsivos, despistados).

Para reducirlo se inventaron respuestas más políticamente correctas (2). La primera fue el surgimiento de etiquetas alternativas, como el TCL (Tiempo Cognitivo Lento), que definía a un conjunto, en los EEUU nada desdeñable, de niños y adolescentes que presentaban serias dificultades en la atención y concentración en tareas académicas. Una suerte de sujetos “empanados” que sin presentar hiperactividad ni impulsividad requerían igualmente de diagnóstico y tratamiento. Su nueva identidad de “mentes lentas” reducía el estigma asociado al TDAH.

Luego se empezó a hablar, y a crear unidades específicas, de Trastornos del Aprendizaje que incluían un conjunto variopinto de sub-etiquetas (dislexia, discalculia, cognición lenta) y que ponían el énfasis en las dificultades de atención  y aprendizaje cuya causa apuntaba cada vez más claramente a perturbaciones del desarrollo.

Todo este proceso ha ido paralelo al paso del DSM al Research Domain Criteria (RDOC) (3), de una taxonomía difusa y confusa a una observación rigurosa (?) que incluirá pruebas diagnósticas y tratamientos novedosos dirigidos a la activación de las zonas cerebrales comprometidas en esas funciones.

Esta primacía actual de lo neuro ha generado el surgimiento de un mercado nuevo y hoy ya se crean múltiples start-ups con el objetivo de generar aplicaciones para el análisis de estos datos. Otras empresas, incluidas las farmacéuticas, se adaptan también a los nuevos tiempos (4).

Como recordaba recientemente Abel Novoa: “la biomedicalización es un paso más allá de la medicalización. La tecnología está creando nuevas subjetividades al determinar nuevas categorías de personas en riesgo (por ejemplo pre-alzheimer), nuevas formas de monitorización del riesgo (test genéticos) e imponer nuevos comportamientos ante el riesgo (mastectomía u ooforectomía profilácticas)” (5).

El universo TDAH es ya, pues, una realidad que nos convierte a todos en hiperactivos (6), si bien eso no nos hace homogéneos en cuanto a nuestras invenciones de goce. El retorno del Nombre del Padre forcluido se hace hoy presente en el sometimiento a la cifra que nombra a cada sujeto en relación a una supuesta normalidad estadística (7).

Este nuevo orden social que nos nombra a cada uno por nuestro déficit resulta  -decía Lacan- más “férreo” que el anterior del Nombre del Padre ya que anula la dialéctica del deseo y nos confronta al superyó y sus exigencias de goce sin límite. (8).

Así, donde antes era el Big Pharma, ofreciendo el metilfenidato, ahora florece el Big Neuro y su neurofeedback. Cambio de identidad para los actuales hiperactivos trastornados: ahora pasarán a ser mentes lentas y defectuosas. Habrá que estar atentos al uso off label que hacen y a los nuevos síntomas que producen.

  1. La propia Agencia de Qualitat i Avaluació Sanitàries de Catalunya (AQuAS), dependiente del Departamento de Salud de la Generalitat de Catalunya advertía recientemente que “no se debería esconder el abuso persistente de estimulantes cognitivos para aumentar el rendimiento o para finalidades recreativas”.
  2. José R. Ubieto. “TDAH: del Big Pharma al Big Neuro”. En Lacan Cotidiano núm.
  3. Jean-Charles Troadec. “Le DSM se meurt”(I). Lacan Quotidien núm n° 726, 22 junio 2017. Consultable online: http://www.lacanquotidien.fr/blog/wp-content/uploads/2017/06/LQ-726-C.pdf
  4. José R. Ubieto. “TDAH: del Big Pharma al Big Neuro”. En Lacan Cotidiano núm.
  5. Abel Novoa. “Nadando entre “escépticos” y “naturalistas”: por una visión compleja del desarrollo tecnocientífico (y de la medicina de familia)”. Plataforma NoGracias, 3 Agosto 2017 http://www.nogracias.eu/2017/08/03/nadando-escepticos-naturalistas-una-vision-compleja-del-desarrollo-tecnocientifico-la-medicina-familia-abel-novoa/
  6. José R. Ubieto. “TDAH: ¿una ‘solución’ real de 4 letras?”. http://joseramonubieto.blogspot.com.es/2016/12/tdah-una-solucion-real-de-4-letras.html
  7. Marie-Hélène Brousse. “La psicosis ordinaria a la luz de la teoría lacaniana del discurso”. En Freudiana 76, 2016, pp 99-112.
  8. Jacques Lacan. “El Seminario XXI. Los incautos no yerran”. Inédito. (anunciado para Octubre’17. Paidós eds.)

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