Vilma Coccoz – Pensar con los pies

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Siempre me había impactado el enigmático pasaje de La Tercera (1), cuando, dirigiéndose a la audiencia Lacan profiere: “Ustedes piensan que el pensamiento está en el cerebro, no veo por qué tendría que disuadirlos. Yo, estoy seguro –estoy seguro porque sí, es asunto mío- que se encuentra en los músculos de la frente, en el ser hablante exactamente como en el erizo.” Se explaya entonces en su gusto por estos peculiares seres; más concretamente, menciona su encantamiento cuando se les forman pliegues en los músculos de la frente. Asimilando éstos a la manifestación de su furia, afirma que igual nos sucede a nosotros.

Gracias a internet podemos saber un montón de cosas sobre ellos, convertidos actualmente en apreciadas mascotas. Sin embargo, los signos de su furia no son localizados en la frente sino en los gruñidos que emiten y en su arisca conducta de erizar las púas hasta formar un ovillo.

Pero Lacan continúa su reflexión: “Después de todo, si pueden pensar con los músculos de la frente, también pueden hacerlo con los pies. Y bien, allí es donde yo querría que entren, puesto que, después de todo lo imaginario, lo simbólico y lo real están hechos para abrir el camino del análisis…”

La deslocalización orgánica del pensamiento a la que Lacan nos incita se desvela entonces: en primer lugar, a través de un Witz, situando el pensamiento en lo imaginario del cuerpo donde ubica su concepción de la eterna dualidad: lo que denominamos alma reúne, en realidad, nuestros pensamientos sobre el cuerpo. Si cavilamos, preocupados, puede darse a ver esta actividad “interior” en nuestro ceño fruncido.

Pero el pensamiento que Lacan nos propone, derivado del anudamiento de los tres registros es el que pone en movimiento el cuerpo para llevarlo camino del análisis, ubicando al analista en el encaje de los tres círculos, causando el desplazamiento del cuerpo hablante. Lo demuestra su última consideración respecto a la fobia de Juanito.

El problema de Juanito es topológico, concierne al lugar desde donde desplazarse – ¿qué recorrido hacer para poder volver?- y al lazo con el otro, -¿puede hacerlo solo o estará obligado a ir con su madre?  Si el retorno a su casa le parece imposible es porque no ha encontrado la salida – el exit paterno – del único circuito del que dispone, el materno. Por esta razón, Juanito no puede realizar el deseado proyecto de mover sus pies hasta la rampa situada enfrente de su casa, a jugar con los otros niños y luego volver, tranquilamente. Este hecho es destacado por Lacan, ya que no se debe a que el niño carezca de sentido de realidad o que tenga miedo de perderse. Juanito piensa y explica cómo se las arreglaría para volver a su casa si esto ocurriera, no padece una dificultad cognitiva o de la representación.

Mediante la fobia a los caballos el niño consigue nombrar su dificultad con el movimiento a la vez que obtiene un umbral, una señalización, un recorrido balizado por el miedo. Lo que Juanito teme es que, intentando salir del circuito materno, la casa sea arrastrada y su lugar también desaparezca. Porque “el niño no está solo”,  su deseo está vinculado “a cierto padre, cierta madre, los suyos y no los del vecino.” (2)

Gracias al apoyo paterno Juanito pudo recorrer el camino hasta la consulta de Freud y encontrar así el verdadero exit, el que ofrece el discurso analítico propulsando el a-pensamiento que hace posible la marcha en la dirección del deseo.

  1. J. Lacan, La tercera. En Actas de la Escuela Freudiana de París. Petrel. Barcelona. 1980. Pág.163/4. En la traducción española figura “seso” en lugar de cerebro para  traducir el término “cervelle”.
  2. J. Lacan, Conférences et entretiens, Scilicet 6/7, p.45.

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