Araceli Teixidó – Clínica bajo transferencia vs. correlación estadística

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Lacan señala el modo en el que la ciencia se constituyó a partir de una operación de exclusión del sujeto (2) (3). Fue con ésta exclusión que la ciencia -poderoso modo de conocimiento- permitió un abordaje del mundo ajeno a los fantasmas humanos y en medicina, un abordaje en el que desde el inicio la participación del investigador y del enfermo no contaban. A partir de la entrada de la ciencia, cuando una bacteria ataca a la persona -independientemente de que ésta sea o no pecadora- o que un antibiótico promueve la curación – independientemente de que el médico sea o no confiable-. Esto constituyó un progreso enorme en el ámbito médico a nivel terapéutico y además liberó a los pacientes de quedar sometidos a los fantasmas del profesional que les atendía.

Por tanto, la introducción de la ciencia en medicina supuso una mejoría a todos los niveles. Sin embargo, no impidió que los fantasmas de los profesionales siguiesen operando y hoy los encontramos en la forma de la reducción de lo humano a una red neuronal. El sujeto excluido de la ciencia, es apresado por ella bajo la forma de la causalidad cerebral. Podríamos considerar lo neuro como un fantasma generalizado o probablemente un delirio.

Cuando trabajamos con pacientes que han sufrido daño cerebral nos encontramos inmersos en un ambiente en que la causalidad se establece sin falla entre lo cerebral y las reacciones del sujeto. Por ejemplo, la depresión es una de las consecuencias neurológicas esperadas en los pacientes que han tenido un ictus e incluso se prescriben antidepresivos preventivos. Como señala Jacques-Alain Miller (4) la correlación estadística se impone al criterio clínico. Me parece que una de las cosas que podemos hacer es mostrar con nuestra clínica bajo transferencia los casos en los que se contradice el criterio estadístico y que apuntan a otro lugar.

Atendí a una joven mujer afectada por un ictus la cual el equipo hospitalario llamó en consulta por causa de la apatía que notaban en ella. Aceptó entrevistarse conmigo y anticipándose a cualquier ofrecimiento formuló una demanda: quería comprender lo que le había pasado ¿A qué se refería? Expuso las coordenadas de su vida reciente. Su marido había muerto en un accidente hacía algunos años y ella quedó en un profundo estado de shock y perplejidad que consultó un psiquiatra el cual le daba pastillas. Dejó de tomarlas cuando constató que le proporcionaban una alegría vacía. Consultó a un psicólogo que le decía lo que tenía que hacer. Dejó de ir a su consulta, no era lo que necesitaba. Todavía seguía bajo los efectos de un duelo imposible.

El relato del caso recorrió su situación personal previa al evento y las condiciones en que se encontraba en aquellos días. La paciente localizó un desencadenante para el malestar al que atribuyó el ictus. Llegando a este punto concluyó que el ictus le había dado de nuevo sentido a su vida, un motivo por el que luchar. Y me anunció que nuestro tratamiento había finalizado.

Por lo tanto, no hizo falta recurrir ni al cerebro, ni al significante depresión, ni a ninguna correlación estadística para intervenir. El ictus permitía una suplencia para cubrir el agujero dejado por el marido.

Otra paciente joven que también sufrió un ictus consultó porque estaba asustada: el relato del caso dio cuenta de la determinación significante que enlazaba el problema cardíaco que sufría a una subjetividad en la que la represión de los afectos la dejaba alienada a una relación en la que repetía el estrago materno. La transferencia alojó ese malestar que pudo ir tratando.

De nuevo, nada de la red neuronal, sólo la red significante.

Otra mujer vino con su marido, él sufría de afasia después del ictus, no obstante, se hacía entender muy bien. Yo le había tratado durante el ingreso hospitalario y, desde el inicio, él superó con gran habilidad y decisión personales la dificultad impuesta por la afasia, pudiendo realizar un tratamiento de las dificultades del proceso rehabilitador, del desencuentro con los profesionales y de su reorientación profesional. Además, con la logopedia había obtenido buenos resultados y había mejorado bastante. La queja de ella: no conseguía entenderle debido a la afasia. Después de escuchar el breve desarrollo que siguió a esta queja, le dije: “¿pero usted le ha entendido a alguna vez a este hombre?”. Las risas de ambos no se hicieron esperar e interrumpí la sesión. Supe más adelante que los efectos de apaciguamiento fueron muy importantes al desplazar la causalidad orgánica a la causalidad psíquica, al introducir así algo de la castración y de la vida.

La pretendida ciencia cognitiva, la psicología actual, ha promovido una manera de entender la mente humana como letra muerta y el malestar como una serie de ítems erróneos que hay que reprogramar. Nadie se plantea quien decide el programa, para qué, ni el hecho de que quien pretende reprogramar no está haciendo nada más que un ejercicio de imposición de su posición de poder que se basa en el axioma de lo neuro. Axioma, fantasma o delirio: algo no probado que organiza la percepción y la investigación (5). El programa de goce personal escapa a toda determinación científica, como quedó fundamentado al quedar el sujeto por fuera de este modo de conocimiento. La deriva cientificista -no es culpa de la ciencia- debería detenerse con el reconocimiento de que del sujeto no puede decir nada. Al médico moral que abordaba a sujetos culpables le ha seguido el médico científico que se dirige a aquellos cuya falla se localiza en el cerebro. Es una cuestión de ética, no de conocimientos. El salto entre ambos tipos de abordaje del mundo precisa del reconocimiento de la falla que solo se sostiene bajo transferencia.

En el trabajo del Seminario en el mes de mayo, podremos avanzar a partir de la distinción entre efectos cerebrales y posición del sujeto en una mesa que tomará como eje la clínica psicoanalítica como muestra de otro modo de hacer.

  1. Trabajo presentado en la reunión del Seminario Hacia Pipol 9 que tuvo lugar el día 26 de febrero de 2019 en Barcelona.
  2. Lacan, J. “La ciencia y la verdad” en Escritos 1 siglo XXI
  3. Dessal, G. “Prefacio” de Las ciencias inhumanas RBA
  4. Miller, J.-A. Todo el mundo es loco Paidós pág. 145
  5. Miller, J.-A. “Néuro-, le nouveau réel” en Revue La Cause du Désir. Núm. 98. Marzo, 2018. Págs. 111-121

*Araceli Teixidó, psicoanalista miembro de la ELP y la AMP. Psicóloga clínica en las Unidades Sociosanitarias del Hospital Sant Jaume (Calella, Barcelona) Coordinadora de la Red Psicoanálisis y Medicina (ICF)

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