Adele Succetti – Super Brain vs inconsciente: 2-0? No lo creo…

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En la transmisión televisiva italiana Super Brain –las super mentes– tenemos la posibilidad de ver varias manifestaciones de aquello que se suele considerar un Super Brain. Se trata de personas que, después de una larga preparación solitaria, se presentan en televisión para mostrar al gran público las super habilidades de su cerebro; habilidad de memorizar elementos significantes (palabras, números, detalles) para repetirlos, habilidad de concentrarse hasta en condiciones extremas, habilidad de reconstruir mnemotécnicamente una imagen apenas vista, habilidad de controlar el cuerpo y sus acciones, etc. De hecho, los participantes nos muestran la capacidad perteneciente al parlêtre del “no querer saber” nada, del no querer saber del “tonto” inconsciente, de aquello que no sea útil para hacer su tarea, llevada a cabo de manera autónoma o que le ha sido impuesta a su súper cerebro.

Los participantes del programa televisivo muestran capacidades mentales inauditas, un “cerebro frío” –así fue como uno de ellos se ha hecho llamar- que, incluso, provocan admiración y envidia en aquellos que los ven.  Quedan al fin de cuentas, como un espectáculo de segunda en la época de la ciencia, que brillan por la identificación y por la repetición «del Uno del cual se constituye lo experimental de la ciencia.»

Pero, de hecho, para que la transmisión sea atractiva, tanto para el público como para el jurado, para que la prueba se lleve a cabo es necesario el inconsciente, que podemos ver en los chistes que hacen los jurados –que de este modo humanizan un poco la Supermente– o cuando cuentan la breve historia personal del participante que habla de su pasión personal por el Uno, la bella voz de la presentadora que acompaña a cada prueba a los participantes y en el largo tiempo de la prueba que va aumentando el deseo de quienes siguen el programa. Por lo tanto el inconsciente es necesario para lograr transmitir este programa televisivo y que, humanizándolo, no se trate simplemente de un test de laboratorio que evalúa la habilidad mental. Incluso la elección del ganador -cuyas capacidades son imposibles de contar numéricamente, debido a que se trata de personas singulares muy diferentes el uno del otro, cada uno con su Supermente- y bien esta elección queda en manos del jurado y del público, es decir de la dimensión subjetiva, el deseo individual y las múltiples identificaciones. Y de hecho, la noche a la que me refiero como ejemplo, no ha ganado el «cerebro frío» de un competidor que, sumergido en hielo hasta el cuello, fue capaz de memorizar y repetir los nombres de las capitales europeas y sus respectivas temperaturas. ¡En su lugar ganó el competidor que pudo reconstruir el cubo Rubik que llevaba en sus lados a una de las modelos que participa en el show y que formaba parte del jurado!

A partir de este programa televisivo podemos deducir dos mundos opuestos entre sí: por un lado, el cerebro “todo-solo” y su laboratorio, y por el otro lado el inconsciente y el deseo que crea la transmisión. Por un lado, el cerebro que gana – dando prueba de sus impresionantes habilidades – por el otro, el inconsciente que falla y que por lo tanto prospera porque favorece el lazo social. Por un lado, el todo del cerebro (un tanto congelado) que se repite, por otro lado, el ‘no-todo’ del inconsciente que teniendo en consideración el agujero, hace lazo con el Otro.

Traducción: Jorge Faraoni

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