Lilia Mahjoub – El moterialismo, la residencia del inconsciente

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Si el inconsciente y el cerebro no tienen nada en común (1) para aquellos que han tenido una experiencia psicoanalítica, el hecho es que, en el lenguaje común, se les supone un estrecho vínculo y que la confusión entre uno y otro reina. Además, como Jacques Lacan insistía, nadie hoy se opone a la idea del inconsciente. El inconsciente es así relacionado con los «pensamientos inconscientes» y su localización sería el cerebro. Sin embargo, un pensamiento como tal no puede ser inconsciente, ya que es conscientemente captado como un pensamiento. «Creemos que pensamos con el cerebro. Yo pienso con mis pies, decía Lacan en 1975 en Estados Unidos, es sólo allí que yo encuentro algo duro; a veces pienso con los músculos de la frente, cuando me golpeo. He visto suficientes electroencefalogramas para saber que no hay sombra de un pensamiento” (2). Otras exploraciones del cerebro, debidas al progreso científico, comenzaron a principios del siglo XXI, entre ellas la imaginería por resonancia magnética (IRM). A partir de ellas, se pretenderá hacer diagnósticos de enfermedades mentales, que hasta entonces sólo la psiquiatría solía hacer por la vía clínica. Hoy en día ya no se abre el cerebro, como lo hicieron en el siglo XIX primero Paul Broca sobre el cuerpo de un paciente afásico, para descubrir la famosa área de Broca, la primera región cerebral a la que se asoció una función cognitiva, y luego Carl Wernicke que también dio su nombre a un área que juega un papel en relación con el lenguaje. Ahora, con estos nuevos métodos, que tienen todo el mérito en la investigación sobre enfermedades neurológicas graves, se obtiene una imagen del cerebro, y se toma esta imagen por real.

La cuestión ¿de dónde proviene el lenguaje? se resolvería así en lo que se vería en el cerebro, cuando no hay rastro de él, ni del pensamiento y menos aún del inconsciente, en esta imaginería o en el encefalograma. A partir de ahí, algunos retoman la idea de un pensamiento que existiría sin el lenguaje. O que ese pensamiento sería el primero, preformado, y usaría la herramienta del lenguaje para expresarse. El famoso aforismo «el inconsciente se estructura como un lenguaje» (3), que Lacan mantendrá a lo largo de su enseñanza, es así reducido a una equivalencia entre el lenguaje y el inconsciente, este último siendo relacionado con el pensamiento.

Sin embargo, el como del aforismo lacaniano no debe ser tomado ni por una equivalencia entre el inconsciente y el lenguaje, ni por un por que designe un medio, una herramienta que sería el lenguaje.

Esto es lo que Lacan nunca dejo de hilar, indagando qué pasa con el inconsciente, ciertamente descubierto por Freud, pero del cual Lacan hará su caballo de batalla en el psicoanálisis, llegando incluso a decir que Freud no entendía nada cuando adelantó sus representaciones inconscientes que no existen, porque «el inconsciente no tiene cuerpo más que de palabras» (4). Hablando de cuerpos, Lacan evoca el encuentro que tuvo, en América, con el lingüista Chomsky, que compartió con él una idea muy común, a saber que un cuerpo está equipado con órganos y que el órgano es una herramienta. «Así, concluye Lacan, que dice estar inspirado por este encuentro, Chomsky considera que el lenguaje está determinado por un hecho genético. En resumen, el lenguaje es él mismo un órgano» (5).

El lenguaje no es un órgano, pero está ligado a algo que hace agujero en lo real, incluso que «come lo real» (6). La función de este agujero, que ya podemos entrever en la obra de Freud sobre la interpretación del sueño de la inyección de Irma, es mostrada y elaborada por Lacan con la invención de su nudo borromeo. Es lo que desarrollará en su seminario sobre el sinthome, donde lo real no es representable ni concebible, sino que «lo real solo tiene ex-sistencia si encuentra el freno de lo simbólico y de lo imaginario» (7), en otras palabras lo real es el nudo mismo. Así, no hay dentro, no hay interior, para ubicar el inconsciente, es decir lo que es sólo parte de lo imaginario, lo que Lacan evacúa en su aprehensión de lo real y del agujero, este último no forma parte de ningún espacio, de ninguna localización.

Por lo tanto, el lenguaje no es algo natural en el ser hablante, que se desarrollaría en el cerebro, como algunos médicos y psicólogos de la prima infancia lo afirman hoy en día en los debates televisivos o radiofónicos sobre este tema. Incluso se están convirtiendo los llantos de los recién nacidos en un lenguaje y se establece un léxico universal (8) para ayudar a las madres a entender lo que sus bebés están diciendo.

Nada que ver, por supuesto, con lalangue de Lacan, que no debe confundirse con una pequeña reserva o incluso con un patrimonio de significantes, sino que tiene que ver con lo que la llamada lengua materna ha dejado como marca, huella, moteralismo (9), para retomar la palabra equívoca de Lacan, es decir, la «forma» en que lalengua habrá sido hablada y escuchada para tal o tal otro sujeto. Es «en este moterialismo donde reside la acción del inconsciente», y es lo que surgirá en las formaciones llamadas del inconsciente como tantos tropiezos, equívocos y formas de hablar.

La cuestión del inconsciente, si encuentra su resolución, es decir su eliminación, en discursos que no sean los del analista, no es relevante ni de una ciencia ni de una creencia. Sin embargo, está lejos de ser resuelta para el analista que, a falta de convertirla en una ciencia, debe tener cuidado de no convertirla en una religión. El discurso del analista no es una respuesta prefabricada, ya preparada para cerrarle el pico, como se dice, a otros discursos.

No puede haber ni alianza, ni oposición o incluso duelo entre el cerebro y el inconsciente lacaniano, ya que el señuelo del analista no releva sólo de lo simbólico, sino también de lo real, como acabamos de definirlo en este texto.

Traducción : Alba Cifuentes Suarez

 

  1. «El inconsciente y el cerebro, nada en común», título del 5º Congreso Europeo de Psicoanálisis, 13 y 14 de julio de 2019, en Bruselas.
  2. Lacan J., Conferencia en Estados Unidos en el Instituto Tecnologico de Massachusetts, 2 de diciembre de 1975, Scilicet 6/7, París, Éditions du Seuil, 1976, p. 60. http://www.psicoanalisis.org/lacan/masachuset.htm
  3. Lacan J., «L’étourdit», Autres écrits, Seuil, París, abril de 2001, p. 490.
  4. Lacan J., «Propos sur l’hystérie», Conferencia en Bruselas del 26 de febrero de 1977, Quarto n°2, 1981.   
  5. Lacan J., El seminario, libro XXIII, El sinthome, Buenos Aires, Paídos, 2006, p. 32.
  6. Ibídem, p.32
  7. Ibídem, p. 50.
  8. Dunstan P., « Il pleure, que dit-il ? », Editions JC Lattes.
  9. Lacan J., Conferencia en Ginebra sobre el Síntoma, Le Bloc-Notes de la psychanalyse, n°5, Ginebra, 1985, p. 12.
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