Antonio Di Ciaccia – Sobre el niño autista*

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¿Tiene el psicoanálisis algo que decir sobre el problema del autismo? En general, el psicoanálisis queda excluido, ya que sería una disciplina inadecuada para abordar el problema del autismo.

Desde 1974 he estado tratando con niños autistas y rápidamente llegué a la conclusión de que el psicoanálisis podría ser útil siempre que el tratamiento psicoanalítico no se aplicara como se entiende normalmente. Fue necesario inventar un método inspirado en los descubrimientos del psicoanálisis sin tratamiento psicoanalítico. En otras palabras, se trataba de servirse del psicoanálisis a condición de que no se usara.

Ya antes, Lacan había preconizado que los descubrimientos del psicoanálisis podrían servir en otros sectores, como en medicina, en organizaciones psiquiátricas, en universidades, incluso en política. En todos estos campos no estamos tratando con el psicoanálisis puro sino con el psicoanálisis aplicado. El método que utilicé con mis colegas, y que Jacques-Alain Miller llamó pratique-à-plusieurs, es parte de uno de los modos de psicoanálisis aplicado. Aquí la práctica no se sostiene por uno solo, sino por varias personas al mismo tiempo. En este método, lo que cambia sobre todo es el encuadre: ni diván, ni tampoco centros o consultorios de psicoterapia, sino lugares de vida.

En estos lugares de vida, los niños autistas acogidos eran aquellos para quienes la ciencia médica no había dado respuesta. Sin embargo, seguimos la orientación de Freud: puede que la causa sea de naturaleza orgánica. Eso tendrá que probarlo la ciencia. Hasta ahora innumerables han sido los anuncios de descubrimientos sobre las causas del autismo, pero ninguno ha pasado la prueba de la cientificidad.

Debemos tener en cuenta que todos los tratamientos que han surgido desde el nacimiento del psicoanálisis han sido puestos en marcha por personas con antecedentes analíticos que, sin embargo, consideraban que la aplicación teórico-clínica del psicoanálisis no era satisfactoria. Puedo decir que estoy en la misma onda que estos innovadores, al menos en un punto: en estos casos no podemos aplicar el psicoanálisis tal cual, puesto que faltan los requisitos previos que son las condiciones necesarias para que tenga lugar la operación analítica, requisitos previos que dan, además de una cuestión de orden analítico que no debe confundirse con la demanda de ayuda, la posibilidad de dar forma a lo que el psicoanálisis denomina fantasma, cosa que generalmente ocurre a través de la palabra y en los niños también a través del juego. Sin embargo, en lo referente a estos innovadores, no concuerdo en otros puntos: principalmente sobre qué debe alentar el planteamiento de estos lugares de vida. Las coordenadas a tener en cuenta son las del deseo y las del goce, no las del condicionamiento, de la adaptación, de la educación y de la reeducación, claramente insuficientes, dado que no ha funcionado el tratamiento terapéutico normal del día a día, es decir, el dado por la familia y la escuela.

Por supuesto que la educación y la reeducación no deben ignorarse, sino que deben tomarse en contexto, ya que el problema es el de temperar el goce, ya que el goce puede revelarse destructivo y a menudo, especialmente en estos sujetos, autodestructivo.

Por lo tanto, la tarea principal de nuestro trabajo es, además de temperar el goce mortífero, hacer surgir un deseo que no sea anónimo en el niño, quien es y permanece sujeto, en cualquier caso; incluso en las formas más impenetrables de autismo.

Por lo tanto, ¿cómo tiene lugar el cuidado de los niños autistas en estos lugares de vida?

Yo distinguiría dos vertientes.

La primera es lo observable.

En estos lugares de vida, la vida es como la de cualquier niño, con el ritmo día/noche, con la hora de comer, jugar y, atendiendo especialmente a dos momentos: la hora de ir a la cama y la hora de despertar. El día se ve dividido en momentos en los que, en pequeño grupo, los niños con los cuidadores se dedican a actividades como el aprendizaje y otras como el teatro, la música, el dibujo, la escritura, el baile, la cocina etcétera. En fin, no hay nada que diferencie exteriormente un lugar de vida inspirado por la pratique-à-plusieurs de otros muchos lugares de vida.

Eso que lo diferencia es la segunda vertiente.

Se refiere a la línea operativa. Tomemos, por ejemplo, lo que hemos extraído de algunas de las indicaciones proporcionadas por Lacan, aunque éstas, en verdad, se refieren a la dirección de la cura en psicoanálisis. Esta línea operativa consta de tres niveles: táctica, estrategia y política.

La política. Ésta se refiere al emerger de la subjetividad del niño autista, quien es sujeto al igual que todos los seres humanos, y en él, como sujeto, es necesario valorar su singularidad. Es una política que tiende a enfrentarse al brote del goce mortífero, es decir, a la aparición de la pulsión no regulada.

Para aplicar esta política se necesita una estrategia.

Por lo que se refiere al deseo, sabemos por el psicoanálisis que el deseo de un ser humano se articula, se enlaza con el deseo de otro. ¿Qué encontramos en el niño autista? Encontramos, por lo general, la indiferencia y, a veces, por no decir a menudo, la oposición al deseo del Otro, por ejemplo, de los padres y de los educadores. Tal oposición es proporcional al grado de autismo.

También concierne a la estrategia saber cómo hacer frente al goce mortífero, que, aunque es una pulsión no regulada, responde, no obstante, a una lógica. Esta lógica debe ser encontrada. Y si se presta atención, se verá que es una lógica precisa e implacable, aunque a menudo, en un primer momento, incomprensible.

En el tercer nivel se encuentra la táctica. La táctica es lo que hace que la estrategia sea operativa, momento a momento, en función de la política. Como nos recuerda Lacan, en estas situaciones la táctica, la estrategia y la política son inversamente proporcionales a lo que sucede en el arte de la guerra. De hecho, en la táctica hallamos grandes posibilidades operativas. En la táctica, por lo tanto, se requiere una gran imaginación. Hay que inventar. Hay que saber inventar. Lo que revela la posición deseante de los cuidadores y que estimula la respuesta singular en el niño autista.

Tomemos un ejemplo con relación al deseo. Sabemos que el deseo se articula con el deseo de otro. Entonces, tácticamente, ¿cómo hacemos para que surja un deseo?

Para un niño no autista, es suficiente correlacionar un elemento, por ejemplo, un juguete, con otro elemento, es decir, con el juguete de otro niño. Por lo que respecta al niño autista esto es más complicado, ya que el niño autista no suele poner sus objetos en serie sino que se satisface solo con uno. La táctica de los cuidadores será la de asegurarse que el niño no se satisfaga con su único objeto, sino el de proponerle algo que haga lazo con su objeto, pero sin coacción, aunque recurriendo a una firme propuesta deseante.

Siempre a nivel de la táctica, la experiencia nos ha proporcionado múltiples modos de actuar: éstos van desde no dirigirse directamente al niño autista sino pasando por una tercera persona, al no insistir con demandas, ya que el niño autista percibe la demanda como una invasión de su campo. La demanda siempre revela una doble cara. En la demanda del niño, de cada niño hacia la madre, más allá de un requerimiento de algo que responda a una necesidad, deberá leerse algo más, es decir, una demanda de amor. Por el contrario, la demanda de la madre dirigida al niño, a cada niño, revela un lado de exceso, como si la madre quisiese del niño algo de más. Esto es difícil de soportar para cualquier niño pero para el niño autista este exceso, este de más que se percibe en la demanda, puede volverse insoportable. Y es este de más lo que a menudo es la causa de reacciones descompuestas y angustiadas, y motivo de explosiones de aquello que he denominado goce mortífero.

Espero haber dado algunas indicaciones sobre este punto: el psicoanálisis puede ser una fuente de enseñanza para una ayuda específica cuando tratamos con niños autistas.

Traducción de Donato Bencivenga

* Intervención (parcial) realizada en la Universidad de Roma en una jornada sobre el Autismo

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