Mauricio Rugeles Schoonewolff – Afasia y subjetividad: estudio de un caso

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La afasia es una de las pocas discapacidades en las que se ha confirmado y estudiado durante más de un siglo un componente neurológico. Si bien hay una clasificación amplia de afasias, en la mayoría de ellas la función del lenguaje (habla y comprensión) está afectada debido a un daño cerebral local. La afasia se ha estudiado desde el inicio del Psicoanálisis. En su artículo “Aphasia”(1) y en “Zur Auffassung der Aphasien: eine Kritische Studie” (2), Sigmund Freud estudió la clínica de la afasia. Estos estudios, aun siendo pre-psicoanalíticos, contribuyeron al desarrollo de la teoría psicoanalítica.

Siguiendo esta pauta, hay muy pocas referencias a la afasia en la obra de Lacan. En sus Écrits, Lacan hace dos referencias, siendo sólo una de ellas clara: la afasia impacta en dos funciones relativas al lenguaje, una referida al significante y otra a la significación (3). Lacan da crédito a Roman Jakobson, cuyos estudios de pacientes afectados de afasia le ayudaron a desarrollar su teoría del lenguaje. Pero tanto Freud como Lacan dijeron muy poco del tratamiento de este tipo de pacientes. Los artículos de Freud sobre afasia son contemporáneos a sus Estudios sobre la Histeria y a La interpretación de los sueños, pero el tratamiento que él propone en ellos es la reeducación del lenguaje. Por el contrario, Lacan nos da una clave en el Seminario 3: no sólo opone afasia y psicosis, además insiste en que, a pesar de haber localizado daño cerebral, la intencionalidad del sujeto y su estar en el lenguaje persisten (4). Los desarrollos teóricos plantean aún la pregunta: ¿qué puede hacer el psicoanálisis por los pacientes con afasia? Este asunto cautivó mi interés debido a mi encuentro con el Sr. N. Tenía sesenta y tantos años y había sufrido un derrame cerebral diez años atrás. El derrame provocó la parálisis de la mitad derecha de su cuerpo, por lo que necesitaba una silla de ruedas para moverse.

Como parte de mi trabajo como psicólogo en una residencia de ancianos, debía proponer una terapia para el Sr. N. Aunque no puede hablar, entiende todo lo que se le dice y puede responder por gestos. Puede repetir las frases que se le dicen pero raramente puede decir una palabra como respuesta. Sólo puede decir espontáneamente la sílaba “dee”, que en francés suena “dis” “dit” (NdeT): esto muestra en qué medida está aún anclado en el lenguaje y, tal vez, que esa sílaba no fue elegida al azar. La primera vez que nos encontramos nos hizo señas, al personal y a mi, de que quería salir de la institución para ir a la cafetería que había enfrente. Durante varios minutos trató de comunicarse con nosotros por gestos: hizo un rectángulo con las manos. Exasperándose, escribió el significante “billet” (billete) mientras lo deletreaba. Estaba claro: quería dinero para ir a la cafetería. La institución le dio su dinero y salimos. Empujé su silla de ruedas y lo llevé allí, donde él tomó una cerveza pequeña y yo un café. Le pregunté si algo le causaba sufrimiento, e hizo un gesto señalando su garganta como si estuviera atragantándose: no puede hablar… éste devino el ritual que se implementó y el contexto de nuestros encuentros, y mi propuesta fue ayudarlo a hablar.

Con el tiempo y ante mi insistencia, dejó de gesticular pidiendo una cerveza pequeña y empezó a decir al camarero “une demie” y “un café” señalándome a mi. Entonces descubrí que podía repetir frases si alguien las decía antes, también que reconocía y podía pronunciar algunas letras del alfabeto y leer en voz alta. Una vez, el camarero le preguntó qué quería y respondió “un café”, corrigiéndose a continuación. Era un lapsus claro. Lo leí como un signo de transferencia, lo que significaba que, incluso tras el daño físico de su cerebro, había un inconsciente. Nunca tomó más de media cerveza, y rehusaba tener cerveza en su habitación: para él, salir era lo que tenía más valor. Otro día, señaló algo en la calle e insistió en que mirara en cierta dirección. No entendí, hasta que dijo otra palabra. “Bichette”, jovencita. Descubrí entonces que uno de los motivos por los que le gustaba salir de la residencia era para ver mujeres más jóvenes: además, ya tenía una serie de significantes de él: billet, bière, bichette… Después de eso me presentó a su compañera, una mujer que ha tenido una relación con él durante un tiempo después del derrame, cuando su mujer pidió el divorcio. Me enteré de que parte de su sufrimiento provenía de las graves enfermedades que padecía su compañera.

Tratar al Sr. N como a un ser hablante y no simplemente como a un cerebro dañado hizo posible un progreso en su estado y ayudó a calmar parte de su inquietud. Mi enfoque fue el de ser testigo de su dolor y a la vez insistir en que podía hablar más de lo que él creía que podía. Lo que intenté está próximo a lo que se propone en la clínica del autismo. Y aunque su cerebro estaba físicamente dañado, él era aún un sujeto, con acceso a un inconsciente, al lenguaje y al deseo.

Traducción: Ivana Maffrand.

  1. Sigmund Freud, “Aphasia”, in Oeuvres complètes, Vol.1., PUF, Paris, 2015 [1888].
  2. Sigmund Freud, “Sur la conception des aphasies,  in Oeuvres complètes, Vol.1., PUF, Paris 2015 [1891]. Standard Edition, t.XIV,p.206-215.
  3. Jacques Lacan, “L’instance de la lettre,” Écrits, Paris, 1966. p.495.
  4. Jacques Lacan, Le séminaire, livre III: Les psychoses, Éditions du Seuil, Paris, 1981, p.254.

Notas del traductor:

Se han mantenido los títulos de las referencias bibliográficas tomadas por el autor, que corresponden a las versiones en francés. El autor señala la homofonía entre la sílaba “dee” que pronuncia el paciente y “dis”, “dit” (“decir”, “dicho” en francés)

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